Puntos clave
- Muchos ataques a través del navegador tienen éxito porque se utilizan navegadores no gestionados, lo que deja al descubierto las credenciales, las extensiones y los datos de sesión.
- Cinco carencias habituales de seguridad del navegador son las extensiones no gestionadas, la sincronización de perfiles sin control, una gestión deficiente de las contraseñas, las actualizaciones irregulares y la falta de visibilidad sobre los navegadores.
- Una política de navegador gestionado permite aplicar controles uniformes en todo el entorno, incluida la gobernanza de extensiones, las reglas de los perfiles, el almacenamiento de contraseñas, la aplicación de actualizaciones y la supervisión de los navegadores.
- Las políticas del navegador funcionan mejor cuando están alineadas con la infraestructura de seguridad existente, de modo que los distintos controles se refuercen entre sí en lugar de entrar en conflicto.
- Prioriza primero la gestión de los usuarios con privilegios, los grupos de mayor riesgo y los dispositivos no gestionados, y amplía después la cobertura a los sistemas de menor riesgo.
Los empleados utilizan el navegador para acceder a las herramientas, los sistemas y las plataformas que necesitan para trabajar, y un trabajador medio pasa en él el 85 % de su jornada. Sin embargo, pese a su importancia para el trabajo diario, los navegadores también pueden convertirse en puntos de entrada para el secuestro de sesiones, las extensiones maliciosas y los ataques destinados a robar credenciales.
La mayoría de los ataques a través del navegador no tienen éxito gracias a técnicas sofisticadas o especialmente complejas, sino simplemente porque el navegador no está gestionado. En esta guía repasamos buenas prácticas de gestión de navegadores que te ayudarán a cerrar las brechas que los atacantes buscan y aprovechan activamente.
Por qué es importante gestionar la seguridad de la navegación web
Muchas organizaciones cuentan con controles sólidos para los endpoints, la identidad y el acceso a la red, pero dejan a criterio del usuario la gestión del navegador, que es donde se desarrolla gran parte del trabajo. Los navegadores almacenan credenciales, permiten acceder a aplicaciones SaaS e interactúan con servicios de terceros en una misma sesión, lo que los convierte en un objetivo fácil para los atacantes.
Cuando no están gestionados, resulta difícil tener visibilidad y control sobre lo que se instala, cómo circulan los datos y a qué se accede durante las sesiones. Una estrategia de gestión de navegadores permite aplicar políticas en toda la organización para que las extensiones, los perfiles, las contraseñas, las actualizaciones y la supervisión se gestionen conforme a tus necesidades.
Consejo nº 1: aplica una política de navegador gestionado para controlar las extensiones
Las extensiones son fáciles de instalar y pueden mejorar la productividad de los usuarios finales, pero rara vez se revisan después de instalarlas. Una extensión con amplios permisos puede leer el contenido de las páginas sin que el usuario lo advierta, capturar credenciales, acceder al historial de navegación y desviar la actividad a través de servidores externos.
Para gestionar correctamente las extensiones, ten en cuenta estas medidas:
- Mantén y aplica de forma centralizada una lista de extensiones autorizadas y bloqueadas
- Exige que el equipo de TI revise y apruebe las solicitudes de instalación de extensiones
- Aplica restricciones más estrictas a las extensiones en los equipos y departamentos de mayor riesgo
- Revisa periódicamente el inventario de extensiones y elimina las que ya no se utilicen
Una gobernanza eficaz de las extensiones no consiste en configurarlas una vez y olvidarse de ellas; debe formar parte de un proceso continuo de gestión de las políticas del navegador.
Consejo nº 2: define reglas de seguridad para los perfiles del navegador y su sincronización
La mayoría de los navegadores modernos permiten iniciar sesión con varias cuentas y sincronizar automáticamente entre dispositivos datos de navegación como contraseñas, extensiones, marcadores y datos de autorrelleno. Aunque esto resulta cómodo para los usuarios finales, crea una importante carencia de control para los equipos de TI.
En entornos BYOD, los datos de navegación de una cuenta corporativa pueden sincronizarse accidentalmente con un perfil personal y quedar fuera del control y la supervisión de la organización. Esto puede hacer que las contraseñas acaben en dispositivos personales o que las extensiones se repliquen en dispositivos no gestionados.
Para evitarlo, la política del navegador debe definir:
- Si se permiten perfiles personales en dispositivos corporativos
- Si los usuarios deben autenticarse con cuentas corporativas
- Qué tipos de datos pueden sincronizarse entre dispositivos, si se permite alguno
- Cómo se gestionan y eliminan los datos del navegador cuando un empleado deja la organización
Establecer límites claros entre la actividad de navegación personal y la laboral permite mantener los datos corporativos dentro del entorno gestionado por la organización.
Consejo nº 3: mejora la seguridad de la navegación mediante controles de contraseñas y autorrelleno
Los navegadores incluyen funciones para guardar contraseñas y rellenarlas automáticamente, de modo que los usuarios no tengan que introducir sus credenciales cada vez. Sin embargo, esta práctica puede entrar en conflicto con las buenas prácticas para las políticas de contraseñas, especialmente en entornos que utilizan un gestor de contraseñas autorizado.
Cuando los empleados guardan credenciales en el navegador, el equipo de TI pierde visibilidad y control sobre cómo se almacenan, protegen y conservan. El autorrelleno agrava este riesgo al introducir automáticamente credenciales y datos confidenciales, que podrían acabar en páginas de phishing o sitios web no autorizados.
Para gestionar de forma segura las contraseñas y el autorrelleno, sigue estas buenas prácticas:
- Define claramente si debe utilizarse el almacenamiento de contraseñas del navegador o un gestor de contraseñas corporativo.
- Desactiva el almacenamiento de contraseñas para las cuentas con privilegios elevados.
- Restringe el autorrelleno en campos confidenciales o de alto riesgo.
- Exige autenticación multifactor (MFA) para las aplicaciones esenciales para la empresa.
Aunque la formación ayuda a fomentar buenas prácticas con las contraseñas, las políticas deben aplicarse siempre que sea posible, ya que incluso los usuarios con formación pueden cometer errores.
Consejo nº 4: trata las actualizaciones del navegador como una tarea de mantenimiento imprescindible
Los usuarios pueden acceder a sitios web no fiables a diario, y utilizar un navegador obsoleto aumenta ese riesgo. Las vulnerabilidades conocidas de los navegadores sin parchear están ampliamente catalogadas, por lo que los atacantes no necesitan desarrollar nuevas técnicas si las antiguas siguen funcionando.
Los retrasos en las actualizaciones suelen producirse porque los usuarios posponen el reinicio del navegador después de aplicar un parche o porque se siguen utilizando navegadores obsoletos en sistemas heredados. Sin una supervisión centralizada, resulta difícil saber qué versiones del navegador se utilizan en los distintos sistemas del entorno.
Por ello, las políticas de navegador gestionado deben:
- Aplicar actualizaciones automáticas
- Definir una versión mínima obligatoria del navegador
- Incluir informes sobre los dispositivos que no cumplen los requisitos establecidos
- Estandarizar la configuración de navegación segura y protección contra el phishing en todo el entorno
Además de las versiones obsoletas, una configuración de seguridad incoherente —como permisos demasiado amplios para la cámara o el micrófono o una gestión de descargas sin control— puede poner en riesgo incluso un navegador completamente actualizado.
Consejo n.º 5: mejora la visibilidad como parte de tu estrategia de seguridad del navegador
El navegador gestiona a diario credenciales, cargas de archivos y accesos a aplicaciones SaaS, pero la mayoría de las organizaciones no dispone de un registro de auditoría de esta actividad. Y, pese a esa falta de supervisión, sigue gestionando credenciales, cargas de archivos, acceso a aplicaciones SaaS y datos confidenciales.
Este punto ciego limita considerablemente la capacidad de responder a incidentes relacionados con el navegador. Por ejemplo, cuando se detecta un incidente de seguridad, a menudo no existe un registro que permita reconstruir lo ocurrido ni suficiente contexto para actuar.
Para mejorar la visibilidad de los navegadores en tu entorno, es importante:
- Mantener un inventario de extensiones y navegadores en todos los dispositivos gestionados
- Supervisar las versiones de los navegadores e identificar los dispositivos que no cumplen los requisitos establecidos
- Conectar las alertas con plataformas de gestión de servicios de TI (ITSM) o con flujos de trabajo de seguridad
- Definir procedimientos de respuesta claros para las amenazas relacionadas con el navegador
La visibilidad permite saber qué ocurre en los navegadores de todo el entorno, detectar problemas a tiempo, responder con precisión y cerrar brechas antes de que puedan aprovecharse.
Cómo contribuyen las políticas de navegador gestionado a la seguridad empresarial
En conjunto, las cinco buenas prácticas de esta guía constituyen la base de las políticas del navegador. Crear una política de navegador gestionado ayuda a garantizar que estos controles se apliquen de forma uniforme en todos los dispositivos gestionados.
Al centralizar la aplicación de estos controles, se pasa de configurar cada dispositivo por separado a aplicar una configuración de referencia común, lo que permite gestionar las desviaciones, las excepciones y las carencias antes de que acaben provocando incidentes.
Además, las políticas del navegador funcionan mejor cuando complementan las herramientas y normas de seguridad existentes, de modo que no queden aspectos sin cubrir. Por ejemplo, una organización que utiliza un gestor de contraseñas autorizado pero no dispone de una política sobre el almacenamiento de contraseñas sigue teniendo una carencia, ya que los empleados pueden guardar credenciales en sus navegadores.
El objetivo es crear un entorno de navegación seguro por defecto, con políticas aplicadas de forma uniforme y coherente, para que los usuarios no tengan que buscar soluciones alternativas que puedan generar nuevos riesgos.
Cómo priorizar las carencias de seguridad del navegador
No es recomendable corregir de una vez todas las carencias detectadas en los navegadores, ya que no todas entrañan el mismo nivel de riesgo. En su lugar, conviene dar prioridad a las áreas con mayor riesgo de exposición.
Esto significa empezar por los usuarios que manejan datos confidenciales o que quedan fuera de los controles de endpoints existentes. Entre ellos se encuentran los administradores con privilegios elevados, los equipos de mayor riesgo y los usuarios de dispositivos BYOD.
Después, amplía progresivamente la cobertura para incluir aplicaciones web heredadas y flujos de trabajo con grandes volúmenes de transferencia de archivos y, por último, las áreas de menor riesgo del entorno.
Protege los navegadores mediante una gestión adecuada
El navegador es donde se desarrolla gran parte del trabajo, pero sigue siendo un punto ciego en muchos entornos y puede convertirse en una puerta de entrada para los atacantes si no se gestiona. Las cinco buenas prácticas de esta guía ayudan a evitarlo definiendo y aplicando políticas de forma uniforme y tratando el navegador como un componente de seguridad que debe gestionarse.
Un enfoque estructurado consiste en empezar por los usuarios de mayor riesgo y corregir primero las carencias que generan una mayor exposición para, después, avanzar hacia las de menor riesgo.
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