Puntos clave
- La infraestructura de red de una ciudad inteligente conecta miles de dispositivos IoT mediante Wi-Fi, Ethernet, fibra óptica y tecnologías LPWAN.
- Los equipos de TI deben inventariar cada dispositivo conectado para cerrar los puntos ciegos que generan los despliegues de cada departamento sin supervisión.
- Segmentar las redes IoT de los sistemas públicos y administrativos protege frente a puertos físicos y accesos sin asegurar.
- Hacer seguimiento del firmware, del estado de los parches y del ciclo de vida del soporte del proveedor evita que los dispositivos se conviertan en vectores de ataque.
- Centralizar el almacenamiento de datos con control de acceso basado en roles y cifrado protege la información sensible de la ciudad inteligente.
Las ciudades inteligentes aportan datos en tiempo real que permiten prestar servicios y facilitar la vida a los ciudadanos, además de mejorar la eficiencia y optimizar costes.
La infraestructura de red de una ciudad inteligente plantea un reto de escalabilidad considerable para los departamentos de TI. En lugar de gestionar dispositivos distribuidos en un único edificio o dentro de una sola organización, las ciudades inteligentes conectan miles de dispositivos en interiores, en exteriores e incluso en movimiento.
Esta guía repasa lo que necesitan los equipos de TI para gestionar con eficacia la infraestructura de una ciudad inteligente: endpoints, IoT y la infraestructura crítica que los mantiene conectados en entornos públicos con características muy particulares.
Qué incluye la infraestructura de red de una ciudad inteligente
Las ciudades inteligentes se componen de dispositivos del internet de las cosas (IoT), como sensores y otros dispositivos integrados, junto con endpoints convencionales (servidores y PC) que se utilizan para controlarlos, todo ello combinado con la infraestructura de red que los mantiene conectados.
Esa infraestructura de red puede incluir Wi-Fi, Ethernet, fibra óptica, enlaces inalámbricos punto a punto, radio, Bluetooth y otras tecnologías de conexión, así como tecnologías específicas para determinados casos de uso, por ejemplo implementaciones de redes de área amplia y bajo consumo (LPWAN) como LoRaWAN.
Entre los dispositivos habituales en una ciudad inteligente están:
- Sensores de tráfico y semáforos conectados
- Cámaras de seguridad ciudadana y sistemas de emergencias
- Alumbrado público inteligente
- Contadores inteligentes
- Sensores ambientales
- Sensores de aparcamiento
- Sensores de gestión de residuos
- Pasarelas IoT
Además de la infraestructura de red y los dispositivos, hay que contar con las plataformas cloud y las aplicaciones asociadas que se usan para interactuar con esos dispositivos y gestionarlos. Todo ello conforma una superficie de ataque enorme y heterogénea, con múltiples tecnologías y proveedores, cada uno con sus propios riesgos.
Aplicaciones y ventajas de las ciudades inteligentes
La infraestructura de una ciudad inteligente permite recopilar datos de las operaciones en tiempo real para mejorar la calidad del servicio, la seguridad y la eficiencia, y planificar recursos a futuro. Las aplicaciones son muy variadas:
- Monitorización del flujo de tráfico
- Aparcamiento inteligente
- Alertas de seguridad ciudadana
- Monitorización ambiental
- Seguimiento de la calidad del aire
- Alumbrado inteligente
- Medición del consumo de agua y otros suministros
- Optimización de la recogida de residuos
- Monitorización del estado de las infraestructuras
- Coordinación de la respuesta ante emergencias
Cada aplicación tiene sus propios requisitos operativos y de seguridad. Por ejemplo, los datos que recogen de forma periódica los dispositivos de monitorización del tráfico necesitan poco ancho de banda y poca latencia (y pueden recopilarse mediante una pasarela IoT que acumula los datos antes de enviarlos), mientras que un circuito cerrado de televisión exige mucho ancho de banda, latencia baja y, en muchos casos, un nivel alto de seguridad para preservar la privacidad.
Retos de la gestión del IoT en ciudades inteligentes
La visibilidad y la seguridad son los mayores retos para los equipos de TI que gestionan soluciones de ciudad inteligente. Sin gobernanza, una ciudad inteligente puede convertirse en una pesadilla de shadow IT a escala regional: un conjunto inmanejable de dispositivos IoT y endpoints.
Las ciudades inteligentes suelen arrancar como proyectos pequeños y fragmentados en distintos departamentos que se multiplican hasta volverse útiles e imprescindibles; mientras tanto, acumulan riesgo y crean puntos ciegos de ciberseguridad. Por ejemplo, un departamento de tráfico puede desplegar cámaras de monitorización sin ninguna supervisión y apoyarse en ellas durante años para tomar decisiones, sin que el equipo de TI responsable de la seguridad llegue a enterarse. Si nunca se parchean, pueden convertirse en una vía de entrada para ataques.
Tener dispositivos en espacios públicos plantea además retos propios: puertos Ethernet físicos sin protección y equipos fáciles de robar y reutilizar que exigen controles de seguridad adicionales. Los dispositivos que contienen credenciales, claves de API u otra información sensible deben estar físicamente protegidos, y los puertos y redes expuestos al público deben restringirse a direcciones MAC concretas o mediante 802.1X (así evitas también que algún ciudadano avispado intente conseguir internet gratis a costa de la ciudad).
Qué hace falta para gestionar las redes de una ciudad inteligente
El primer paso es el inventario: necesitas un catálogo completo de los dispositivos existentes en la ciudad inteligente, desde qué son hasta dónde están y cómo se conectan. De cara al futuro, los departamentos deben coordinarse e informarte de sus planes para que puedas dar cobertura y evitar puntos ciegos.
Centralizar el almacenamiento de los datos de toda la infraestructura de la ciudad inteligente también es fundamental. Así se pueden proteger con control de acceso basado en roles y cifrado cuando sea necesario, preservando los datos sensibles, la privacidad y el cumplimiento.
Los equipos técnicos deberían implantar también controles de seguridad sólidos:
- Segmentar las redes IoT de los sistemas administrativos y públicos, y restringir el acceso a los puertos físicos y a la red Wi-Fi.
- Hacer seguimiento del firmware, del estado de los parches y del ciclo de vida del soporte del proveedor.
- Configurar alertas que distingan entre un impacto crítico en el servicio y el ruido de dispositivos de baja prioridad.
- Documentar las dependencias entre sensores, pasarelas, redes y plataformas.
La monitorización de red y de seguridad debe vigilar la actividad sospechosa y los eventos de seguridad, además del estado y la conectividad de los dispositivos, para garantizar que el IoT cumple su función.
Conviene asignar la propiedad de forma deliberada para repartir responsabilidades y asegurar la cobertura, y documentar en un repositorio central toda la infraestructura, los métodos de conexión, los roles y el resto de la información. La respuesta a incidentes debe probarse con regularidad, y los procedimientos y los accesos de terceros a los sistemas deben revisarse de forma periódica.
Dispositivos e infraestructura de ciudad inteligente: requisitos distintos, gestión unificada
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