La seguridad y el departamento de IT deberían reforzarse mutuamente. En cambio, los silos organizativos y las prioridades enfrentadas han ido desgastando una relación de la que dependen las empresas modernas.
Los equipos de IT gestionan entornos cada vez más complejos, con más usuarios, más dispositivos y nuevos vectores de amenaza como los navegadores con IA. Los equipos de seguridad, por su parte, se enfrentan a un panorama de amenazas que cada año crece más rápido y se amplía más. El problema es que seguridad no puede hacer su trabajo si IT no hace el suyo, y demasiadas organizaciones siguen sin dotar a IT del presupuesto ni del personal necesarios.
El resultado es un círculo creciente de ineficiencia operativa, lagunas de cobertura, agotamiento, reproches mutuos y frustración. Pero el problema de fondo no es la complejidad: la mayoría de las organizaciones no ha reorganizado la forma en que IT y seguridad trabajan juntos en un entorno que ya ha cambiado.
Cuando el modelo se rompe
Cuando los equipos de IT no cuentan con los recursos, la responsabilidad definida o el apoyo necesarios para asumir tareas operativas esenciales (como la gestión de parches, las auditorías de dispositivos, la corrección de vulnerabilidades o el trabajo de cumplimiento), los equipos de seguridad se ven obligados a cubrir esos huecos. Eso les resta tiempo y recursos para dedicarlos a lo que realmente les corresponde: la detección de amenazas y la reducción del riesgo.
Además, genera un efecto en cadena. A medida que seguridad asume funciones ajenas a su ámbito habitual, más solicitudes recaen en IT. Y cuando las vulnerabilidades quedan sin resolver, hay dispositivos fuera de gestión o los controles de seguridad no se despliegan de forma coherente, la responsabilidad es de IT.
Así se refuerza la idea, desde seguridad, de que IT no responde y va lento, mientras IT percibe que seguridad no deja de añadirle trabajo. El resultado: la colaboración se rompe, el agotamiento aumenta y los problemas críticos tardan más en resolverse.
La gestión de parches es el ejemplo perfecto de dónde aparece este desajuste. Seguridad analiza en busca de vulnerabilidades, entrega una lista y espera. IT avanza con la corrección según sus propios plazos. Cuando llegan los informes de estado, pueden haber pasado días o semanas (hoy, una vulnerabilidad tarda de media 43 días en corregirse por completo, frente a los 32 días de 2025) y puede que la vulnerabilidad ya se haya explotado. Seguridad se frustra, IT no da más de sí para ir más rápido y nadie gana.
Rediseñar el modelo para que funcione
Estas ineficiencias son caras y se acumulan rápido. Resolver el problema exige un mejor modelo operativo, no solo mejores herramientas.
Unifica la visibilidad compartida. Cuando IT y seguridad trabajan en plataformas distintas, construyen realidades distintas. Aparecen puntos ciegos, la responsabilidad se difumina y cada problema que se pasa por alto acaba en una discusión sobre quién debía ocuparse. Una visibilidad compartida da a ambos equipos una única fuente de verdad y elimina buena parte de las ineficiencias que alimentan el conflicto.
Deja que IT lidere todo el ciclo de vida de la gestión de parches. La gestión de vulnerabilidades depende de la rapidez, la coherencia y una responsabilidad bien definida. La gestión de parches debe ser cosa de IT. Para lograrlo, los equipos de IT deben exigir la visibilidad, la priorización y la automatización que necesitan para ejecutarla con eficacia. Cuando IT se ocupa de la corrección de principio a fin, la resiliencia es más fácil de definir y de escalar, y seguridad puede centrarse en proteger el negocio.
Trata a IT como una función estratégica. Este es el cambio más importante y, en teoría, el más sencillo. Las organizaciones ya no pueden permitirse ver a IT como un área de soporte: es la columna vertebral operativa del negocio. Cada empleado, cada flujo de trabajo y cada interacción con el cliente dependen de los sistemas que gestiona IT. Cuando IT no tiene presupuesto ni personal suficientes, las consecuencias se notan en toda la organización: más riesgo, tiempos de respuesta más lentos y una carga añadida para seguridad.
Las organizaciones que lo están haciendo bien dan a IT voz en las decisiones estratégicas, responsabilidad clara sobre los resultados y recursos a la altura de las obligaciones que ya asume el equipo.
En resumen
La tensión entre seguridad e IT es consecuencia de un modelo operativo obsoleto. Las organizaciones tienen que recalibrarlo.
En NinjaOne hablamos a menudo de la simplicidad como ventaja de seguridad. En IT ocurre lo mismo: la unificación es siempre la respuesta. Cuando das a los equipos de IT visibilidad centralizada, control granular y una automatización que multiplica su experiencia, los resultados operativos son reales. Según un nuevo estudio de IDC, nuestros clientes logran de media una reducción del 31 % en los costes de gestión de endpoints, parchean un 276 % más de endpoints y resuelven los problemas un 63 % más rápido.
Ese es el músculo operativo y la resiliencia de base que aporta una gestión de endpoints unificada. Cuando IT tiene visibilidad total y responsabilidad clara sobre la gestión, el mantenimiento y la corrección de los dispositivos, los equipos de seguridad pueden volver a aquello para lo que se les contrató: mantener al negocio un paso por delante de lo que está por llegar.
