El panorama actual de TI es prácticamente irreconocible para quienes llevamos más tiempo en el sector y crecimos profesionalmente con la tecnología que ayudamos a construir. Sin embargo, muchas organizaciones siguen intentando hacer frente a amenazas modernas y sostener el crecimiento de empresas modernas con tecnologías, infraestructuras y procesos de otra época. La innovación empresarial avanza más rápido que las TI, y esa brecha se amplía cada día. Por un lado, las organizaciones que han modernizado sus entornos tecnológicos avanzan con mayor rapidez y flexibilidad, aprovechando enfoques basados en la nube para ganar agilidad empresarial e impulsar el crecimiento. Por otro, las que no han adaptado su enfoque tienen cada vez más dificultades para seguir siendo competitivas.
Hace tiempo que sabemos que las empresas con equipos de TI de alto rendimiento suelen obtener mejores resultados que sus competidores.. Pero cuando los procesos de TI lastran las funciones del negocio, también afectan a la rentabilidad. ¿La buena noticia? Nunca ha sido tan fácil modernizar las operaciones digitales.
Cómo los sistemas heredados se convirtieron en un lastre: 30 años acumulando complejidad
Quienes recuerden el auge de los sistemas ERP y la revolución de Windows 95 en los años noventa sabrán que fue una época de rápida transformación digital en la que las TI pasaron a ocupar un papel central en las empresas. Durante las dos décadas siguientes, numerosos factores —almacenamiento de datos, middleware, big data, comercio electrónico, etc.— contribuyeron a aumentar progresivamente la complejidad de nuestros entornos tecnológicos. Muchos de estos entornos se han vuelto difíciles y costosos de gestionar, y las inversiones estratégicas en transformación digital de los últimos años no han hecho más que agravar el problema.
Con el tiempo, esta creciente complejidad nos ha llevado a acumular un considerable «lastre» técnico en las empresas. Hay además otros factores clave que han contribuido a ello:
- Falta histórica de inversión: ciclo presupuestario tras ciclo presupuestario, las organizaciones han tendido a relegar las inversiones en operaciones e infraestructura en favor de la innovación empresarial o del ahorro de costes a corto plazo. Ante la presión que soportan los responsables de TI para impulsar la innovación empresarial, es habitual adoptar la mentalidad de «si funciona, no lo toques», lo que ha hecho que sistemas considerados suficientemente buenos se hayan ido quedando atrás poco a poco.
- Fusiones y adquisiciones: a medida que las adquisiciones siguen impulsando el crecimiento en numerosos sectores, continuamos acumulando sistemas sobre sistemas. Las integraciones rara vez llegan a completarse del todo y es habitual conectar tecnologías entre sí de forma improvisada y gestionarlas de manera federada. La deuda técnica resultante rara vez se aborda o se reduce y sigue lastrando a la organización.
- El auge de las ciberamenazas: a medida que las ciberamenazas se intensificaron durante las décadas de 2000 y 2010, las organizaciones se vieron obligadas a reaccionar. Los presupuestos se redistribuyeron y los recursos que podrían haberse destinado a modernizar la infraestructura pasaron —y siguen pasando— a cubrir brechas de seguridad.
La complejidad no hará más que aumentar a medida que se acelera la innovación y, en el mundo de las TI, el coste de gestionar y proteger todo este lastre se está volviendo insostenible. Los CIO están sometidos a una presión cada vez mayor para simplificar y reducir costes, pero la realidad es que la tecnología heredada sigue ocultando numerosos costes que no pueden eliminarse fácilmente. Tener varias herramientas no implica únicamente pagar varias licencias. También exige más equipos para darles soporte, incluida la contratación de profesionales con conocimientos especializados. Además, mantener muchos sistemas heredados conlleva una carga operativa considerable. El hardware por sí solo ya supone un coste importante; las integraciones, los repositorios de datos y los requisitos de ancho de banda son otros factores que incrementan el gasto. A esto se suma que las funciones y herramientas aisladas generan numerosos traspasos manuales y trabajo duplicado. Y estos costes son todavía más difíciles de medir.
En cuanto a las personas, la presión sobre los equipos de TI no ha dejado de crecer a medida que quienes desarrollaron su carrera en torno a tecnologías heredadas comienzan a jubilarse, dejando a otros profesionales especializados la tarea de gestionar una infraestructura que nunca se diseñó para el ritmo ni la escala del mundo actual.
El coste de este lastre también repercute en los resultados del negocio. Antes, el tiempo de inactividad era uno de los KPI fundamentales de TI; hoy, la velocidad y el rendimiento se dan por sentados. A los responsables de negocio les interesa más saber cómo pueden sacar un mayor partido del tiempo de actividad. De ahí que se oiga cada vez más una idea muy clara: si va lento, es casi como si estuviera caído. Y mantener el statu quo en la gestión de TI nunca había resultado tan caro. Cuanto más esperen las organizaciones, más difícil será desenredar toda esta complejidad.

El momento de modernizar es ahora
Las empresas modernas exigen agilidad y, para tener éxito hoy, las TI tienen que hacer algo más que seguir el ritmo. Tienen que encontrar la forma de adelantarse. La mejor manera de conseguirlo es dar a tus equipos los medios para simplificar y escalar las operaciones, unificando las funciones de gestión de TI, consolidando el stack tecnológico y simplificando el trabajo diario.
El verdadero cambio se está produciendo ahora. La modernización de TI es cada vez más práctica, gradual y, sobre todo, alcanzable. Las organizaciones que están tomando la delantera no son las que más gastan. Son las que simplifican más rápido. Además, están empezando a incorporar operaciones basadas en IA para multiplicar las capacidades de sistemas que ya han simplificado y optimizado.
Algunas ideas para tener en cuenta: Empieza por identificar las áreas en las que la complejidad te está saliendo más cara. Demasiadas herramientas, demasiados traspasos y demasiado trabajo manual. Busca oportunidades para unificar y automatizar antes de añadir nada nuevo.
No esperes a tener el plan de transformación «perfecto». Las organizaciones que ya están obteniendo resultados son las que están dando el primer paso —consolidando unas cuantas herramientas, modernizando un flujo de trabajo clave o replanteándose cómo se gestionan los endpoints— y avanzando a partir de ahí.
La modernización no es algo que ocurra una sola vez. Es una sucesión de decisiones que te permiten pasar de un enfoque reactivo a uno proactivo. En definitiva, la complejidad frena la agilidad y la tecnología heredada obstaculiza la innovación. En esta nueva era de crecimiento empresarial, las TI están en posición de tomar las riendas.